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The early years

Llevo días pensando en cuando me convertí en un BOFH y creo que he dado con el momento justo... Fue allá por el año 1991... Poneros en situación: España se preparaba para las olimpiadas y para la exposición universal de Sevilla y había repelentes 'Cobis' y 'Curros' por todos lados. No existían los monovolúmenes y los todo-terreno sólo se usaban cuando se necesitaba pisar más de un terreno diferente al asfalto. En el plano informático Novell reinaba sin que nadie le tosiera hasta tal punto que más que informáticos parecíamos bomberos (por aquello de las cajas rojas), windows en su versión 3.1 era algo marginal, Internet no existía más que en entornos universitarios o muy exclusivos y las aplicaciones más usadas en oficinas eran wordperfect, dbase III y Lotus 123... Bueno, y el buscaminas que es, en parte, el protagonista de nuestra historia...

Yo, por aquellos entonces, simultaneaba el trabajo en una pequeña empresa de ingeniería y estudiaba informática en la universidad. Se trataba de una empresa muy técnica fundada por profesores universitarios que se dedicaba a hacer hardware y software de medición y trabajaba casi en exclusiva para organismos públicos. Yo pasaba por una fase de descubrimiento y entrega hacía el trabajo tan fuerte que incluso muchos días dormía allí en un saco de dormir y me levantaba cuando entraba la señora de la limpieza. Sentía la empresa como algo mío (sensación que nunca después he vuelto a tener) y realmente disfrutaba con mi trabajo. Rarito ¿verdad? Pero bueno, como dijo el sabio nada dura para siempre y fué el dinero quién destruyó aquel idílico ecosistema... Uno de los aparatos que diseñamos y que llamamos serie-92 (ahora que lo pienso, nosotros fuimos pioneros por delante de microsoft en ponerle años a los nombres de los productos... estoy por demandarlos) tuvo tanto éxito que se vendió como rosquillas y el dinero empezó a entrar a expuertas en la empresa... dinero que, por supuesto, no repercutió nunca ni en mi nómina ni en la de mis compañeros de trabajo sino en los jefes-socios-profesores de la empresa (y en uno más que en otros, todo hay que decirlo también) y empezó a crear recelos y rencillas personales entre nuestra pequeña familia... Mal asunto.

Estábamos en esta situación cuando uno de los socios llegó un día diciendo que había que aprovechar el tirón de la empresa y que creía que había que contratar a un experto en Marketing para ello. Es más, el tenía a la persona indicada: una americana experta en 'mercadotécnia' y esas cosas tan esotéricas por aquellos días en nuestro país.

¡Una americana! Madre mía. Para mi, un sevillano de ventipocos años con menos mundo que las babuchas de una monja de clausura, la imagen de una américana de esas características era, sin duda alguna, la Melanie Griffith de "Armas de Mujer". Una bomba sexual... Pues mire usted, no... Michele, que así se llamaba la experta, era más parecida a nuestra Cristina Almeida que a la Melanie esa. Para más señas era cuñada del socio que tan alegremente propuso su incorporación. Y lo de experta, pues...

"Michelona", que así la bautizamos inmediatamente, traía unas ideas de marketing más propias de los usuarios de la Nocilla que de los de una empresa de ingenierías. Su primera y más brillante idea (la verdad es que le dejamos tiempo para poco más) fue crear "el club de usuarios de la empresa". Acto seguido se puso a mandar a todo el mundo como si fuese la jefa: trípticos, encuestas, formularios, 'mailings'... porque ella, por supuesto, no hacía nada sólo 'creaba' conceptos que luego nosotros los técnicos de la empresa debíamos de plasmar en papel mediante el wordperfect y el harvard graphic y retirándonos para ello de nuestros amados arrays de punteros a punteros que eran los que realmente nos motivaban... un infierno.

Necesitábmos quitarnos de enmedio a este engendro alienígena, asi que tras un rápido estudio descubrimos rápidamente su punto débil: el buscaminas. Michelona se dedicaba en exclusiva a jugar al buscaminas entre cada una de sus explosiones creativas. Horas y horas de buscaminas mientras que nosotros nos dedicábamos a realizar los impresos de las "encuestas de satisfacción de los usuarios del club". La solución fue muy rápida: sustituimos el ejecutable de su buscaminas por uno trucado mediante "hooks" que capturaban ciertos eventos (tiempo dedicado a jugar, resultados de las partidas, etc.) y los publicaba en un documento de un directorio público de nuestra red novell. A través de estas 'estadísticas públicas' descubrimos que no sólo le dedicaba muchas horas al juego (cosa que ya sabíamos) sino que, además, de nada le servían porque era rematadamente mala jugando...

A partir de ahí todo fue coser y cantar. Sólo tuvimos que 'transmitir' el rumor a las personas adecuadas de la empresa como si se tratase de un juego... rápidamente llegó a oídos de algunos de los socios (los cuales, salvo su cuñado, estaban también bastante 'moscas' con esto de los clubes de usuarios) y la ínclita Michelona fue despedida sin miramientos.

He de reconocer que esa primera actuación como BOFH me dejó un sabor agridulce. La satisfacción de sentirme superior a los mortales comunes y de haber conseguido lo que quería fue pareja a los remordimientos provocados por las consecuencias... Pero los remordimientos se pasaron muy rápidos y la anécdota ha ido 'creciendo' con los años (los buenos BOFH's, al igual que los pescadores, engrandecen sus azañas proporcionalmente al número de veces que las cuentan) y me ha hecho pasar muy buenos ratos contándola en los foros adecuados...

Al estilo de esas películas basadas en hechos verídicos imaginaos esto sobre fondo negro con unas letras blancas que se desplazan verticamelte en la pantalla: Michele se divorció dos años después del hermano de su cuñado y se fue de nuevo a los EE.UU. Volvió a la Coca-Cola, empresa de la que había salido para vivir su romance latino, y trabaja alli felíz ideando nuevos clubes de usuarios con los que atormentar a los clientes de la firma. Nuestra empresa siguió degradándose, los empleados más comprometidos nos marchamos, algunos de los socios también y, al final de sus días, acabó reconvertida en una empresa de instalaciones eléctricas hasta que acabó cerrando. The End.

Eso de que los BOFH's engrandecen sus azañas proporcionalmente al número de veces que las cuentan creo que va directamente ligado a que son hombres (y también lo hacen con otro tipo de actividades) :P

Mujer, estas bellas historias, si no se agrandan un poco no tienen mérito.

Por cierto, no probastéis a poner el mismo programa para el cuñado/socio? igual era algo congénito :-)

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